FORMATOCOMODO
CUERPO CIERTO

13 de Diciembre - 11 de Febrero, 2023


Texto del comisario Francisco Ramallo

Cuerpo cierto (1)


«Si el predio se vende como un cuerpo cierto, no habrá derecho por parte del comprador ni del vendedor para pedir rebaja o aumento del precio, sea cual fuere la cabida del predio».

Artículo 1889. Código Civil


«La vie est l’origine non représentable de la représentation».

Jacques Derrida. L’Écriture et la différence



Cuerpo cierto. The Everyday and Everydayness[1]

Hay un deseo inconsciente de escapar en el ser humano, que tiene como destino un lugar a priori indefinido, en el que a veces convergen diferentes realidades, y que siempre encuentra una materialización adecuada en las artes.

Rosario Trillo es una pintora singular. Tras terminar Bellas Artes en el año 2000 y tener una relación intermitente con la pintura, prácticamente se olvidó de esta. La reciente pandemia y su consecuente reclusión llevaron a la artista a plantearse un cambio de rumbo. Compró materiales, se encerró en un estudio y se dedicó a pintar durante dos años. Alejada de los circuitos artísticos, se puso a buscar un método de trabajo, una rutina, una voz. Cuerpo cierto (1) es la primera de las dos exposiciones en las que se muestra la obra generada en ese nuevo día a día, que se fue configurando en el estudio de Rosario Trillo durante los años 2021 y 2022.

«Cuerpo cierto» es un concepto legal recogido en el Código civil a propósito de la compra-venta de inmuebles. Supone acordar con el propietario la adquisición de un espacio a partir de lo que visualmente ha verificado el comprador, independientemente de que los metros acordados coincidan o no con la realidad.

El interior de las pinturas de Trillo, sus personajes y objetos, así como los comportamientos de todos en el espacio, conforman un «cuerpo cierto». Esta cohabitancia de entidades es posible porque están adheridas unas a otras gracias a un ritmo oculto, marcado por lo que sucede pictóricamente en los «día a día» de esos dos años de evasión de la artista. Un relativamente corto pero fructífero lapso de tiempo de trabajo, que podemos entender como una nueva cotidianeidad, un continuo traducible a un formato pictórico, que funciona como una representación de un estado mental de lo cotidiano deseado.

El resultado es una producción compuesta de tres series, «Cuerpo cierto», «Paisajes de interior» y «Santos que yo te pinte», con las que revela un cauce entre realidad y creación, y entre dos tiempos, el del estudio y el del espectador. A partir de las mismas la artista despliega una voz propia, en la coincidencia de varias coordenadas (la tradición pictórica, la relación con el espacio, la música y la experiencia psicoactiva), en la búsqueda de unas corporalidades muy particulares.




Cuerpo elástico

«Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto».

Santa Teresa de Jesús. Libro de la vida



El eje vertebrador de la pintura de Rosario Trillo es un interés  en una suerte de cuerpo que se debate entre lo elástico y lo fósil. El Museo de Medicina de la Universidad Descartes de París conserva una pintura de André Brouillet en 1887 llamada Lección clínica en la Salpêtrière. La obra integra inmediatamente al que la mira en el grupo de estudiantes de medicina representados (casi una treintena de hombres), que observan a una mujer enferma cuyo cuerpo desplomado se arquea en los brazos de un médico. A su lado aparece Jean-Martin Charcot. La escena narra uno de los dudosos experimentos que sobre la histeria, llevó a cabo este maestro de Sigmund Freud, valiéndose de nuevas terapias que incluían la hipnosis o los estupefacientes. A través de estas prácticas se provocaba un cuadro de síntomas en la paciente, al ser tocada en diferentes partes de su cuerpo, que la hacían pasar por sucesivas fases de arqueamiento y relajación. Mujeres como la del retrato acabaron engrosando el álbum conocido como Iconografía fotográfica de la Salpêtrière de Charcot. Se trata de uno de esos catálogos de cuerpos/psique que parece engrosarse constantemente desde otras prácticas muy alejadas de la controversia. Cuando Spyros Papatrepos abordó la relación entre arquitectura, psicoanálisis y petrificación, rastreando el mito Dafne en la iconografía surrealista, vio en la flexibilidad/fosilidad de la fotografía Je tend le brass de Claude Cahun, una recreación de la ninfa que ya no es obra de un hombre ni la imagen de un árbol, sino un cuerpo femenino convertido en piedra que necesita escapar.

Estas «teatralidades» del cuerpo a expensas de estados no habituales de la mente, forman parte del abanico de comportamientos corporales que Rosario Trillo captura para su particular mundo. La artista encuentra nuevas versiones en escenas de éxtasis, de histeria colectiva, en la paralización de un fan ante su estrella, o en los efectos de las drogas psicodélicas. Trillo ha hallado la fórmula para que estos estados de placer, plenitud, dolor, etc. que moldean el cuerpo otorgándole una recortada apariencia escultórica, se integren perfectamente con los objetos que deposita en sus pinturas.




Cuerpo-objeto. Santos que yo te pinte, demonios se tienen que volver

«Are not the surreal, the extraordinary, the surprising, even the magical, also part of the real? Why wouldn´t the concept of everydayness reveal the extraordinary in the ordinary?»

Henry Lefebvre. The Everyday and Everydayness



Dice Bachelard que cuando un poeta frota un mueble crea un nuevo objeto, lo inscribe en el estado civil de la casa humana, y ascienden a un nivel de realidad más elevado que los objetos indiferentes. Rosario Trillo nos ofrece entornos encantados a través de estrategias puramente surrealistas, tales como variaciones de escalas, yuxtaposiciones y descontextualización de objetos. Los fondos que los envuelven han sido construidos mediante una lectura de la experiencia psicotrópica, entendida como un desencadenante de un mundo inconsciente, al mismo tiempo que una metáfora del acto de pintar. La artista aborda cada serie como un álbum musical, en la que cada pieza es una canción además de una prolongación de las estéticas de sus discos de referencia, y donde las combinaciones de colores, en palabras de Trillo, vibran como acordes que se traducen en sonidos en su mente.

Los objetos solo se entienden en su relación con los cuerpos y las atmósferas de sus lienzos. Han sufrido un proceso de desnaturalización para devenir en símbolo, entendido este como una organización de pensamiento. En su fragilidad y solidez, nos vuelven a remitir al cuerpo de los personajes, como una suerte de pantalla donde esos estados que dominan la voluntad se proyectan. Estos objetos conviven además con su sombra, que nos recuerda su condición de metáfora del inconsciente, al mismo tiempo que los enlaza con nuestra tradición pictórica.

Trillo además hace un pequeño «repaso» histórico-artístico navegando por un «expresionismo surrealista», envuelto de cierta nostalgia pop, a la vez que se recrea en una inercia neobarroca, consiguiendo que coincidan en ominosos entornos ecos de películas, canciones, libros, cómics, oraciones y conciertos.

Esta primera parte de Cuerpo cierto supone un juego entre confinamiento, ensoñación, escape y revelación con el que, citando a la artista, ha reordenado las piezas de su cotidianeidad, para crear otro lugar de la pintura en el que debería haber entrado hace mucho tiempo.



«Al tomar esta droga, LSD-25, la realidad se vuelve objetiva... entonces la realidad es inocencia, es pura y es de belleza divina. En el mismo momento en que la realidad se convierte para ti en esta belleza divina, también está el otro lado, la realidad es sólo de belleza divina porque no le damos ningún sentido, como lo es la inocencia. Pero en el mismo momento, no dar sentido a la realidad significa que ya no entiendes la realidad. La realidad se convierte en escenas sin ningún significado. Entonces puedes convertirte en un santo o puedes convertirte en un loco».

Federico Fellini




[1] En 1987 la revista Yale French Studies publicó un texto con este título escrito por Henri Lebebvre, junto con la «contestación» y acomapañamiento pictórico de la artista Julie Mehretu. En el mismo se vertía la idea de lo cotidiano como estructura impuesta en el contexto de la modernidad.